lunes, 23 de abril de 2012

Material y tarea sobre Expansión Europea.

Los viajes de Cristóbal Colón.  

“El diario de abordo del primer viaje de Colón no se ha conservado en su versión original. Debemos darlo por perdido o destruido. Fray Bartolomé de las Casas, admirador del Almirante, fue quien hizo una copia autógrafa de los diarios del primero y tercer viajes en la biblioteca y archivo de Hernando Colón, el hijo español del marino genovés. Dicha biblioteca, que era selecta y enorme, rica en incunables, había sido depositada en el sevillano convento de San Pablo. De allí Las Casas copió los diarios, quizá abreviándolos, quizá -según ciertos historiadores- modificando algunos detalles, pero sin alterar la plenitud de su testimonio, lo enrevesado de su idioma -mezcla de español con voces portuguesas e italianas– y la minuciosidad de lo narrado, amén de los destellos de poesía que asoman entre la aridez y el pragmatismo del inventario de un mercader. El diario del primer viaje debe ser leído con una imprescindible prevención en el espíritu: Colón creía haber llegado al Asia por la puerta trasera y de ahí sus erróneas “verificaciones” e “identificaciones” de la naturaleza y el hombre americano con los pre-conceptos y los pre-juicios que habían dinamizado, primero su convicción en la certidumbre de un propósito y, luego, su voluntad inquebrantable para realizarlo. Colón navega hacia el Occidente acompañado por casi noventa hombres, casi todos de la mejor marinería andaluza, entre los cuales figuraban siete Pinzones y ocho Niños. Las tres pequeñas embarcaciones, que debemos imaginar como tres flotantes dados del destino adentrándose valerosamente en un mar terrorífico, cumplen las jornadas que van desde el 6 de setiembre, cuando dejan atrás las islas Canarias, hasta el 12 de octubre, día del arribo a Guanahani, guiadas por un marino excepcional, al cual nada se le puede retacear en cuanto a su maestría y responsabilidad en el oficio. Ese marino admirable es el Almirante de la Mar Océana, quien vigila la veloz marcha de sus tres barquichuelos sin pegar un ojo ni de noche ni de día. Es también el hombre de hierro que atraviesa como un poseído el Mar Tenebroso, seguro de su objetivo y su derrotero, salvo al final, cuando se rinde al consejo de uno de los Pinzones, quien le sugiere seguir el rumbo de las aves que volaban, al caer la tarde, derecho hacia el sudoeste. Colón, obstinadamente, se atiene a los oráculos de tres distintas y complementarias sibilas: los datos de los cosmógrafos y navegantes de su tiempo; lo aprendido en lecturas que, como a Don Quijote, le habían perturbado el seso, y finalmente, la voz providente de su misión divina. Vamos a examinar cada uno de estos factores muy brevemente. Los datos geográficos del sabio florentino Toscanelli, de quien habría recibido una misiva y un mapa, reducían considerablemente la distancia efectiva que a lo ancho del Atlántico -aún ni se presentía el Pacífico- separaba a Europa Occidental del Asia Oriental. Todos los científicos y navegantes de altura de la época sabían, por otra parte, que la Tierra era esférica. Además, con un muy imperfecto conocimiento de su verdadera estructura planetaria suponían que sus tres continentes, Europa, Asia y África, ocupaban los tres cuartos de la superficie: las aguas, por lo tanto eran pocas y fácilmente navegables. Los historiadores Las Casas, López de Gómara y el Padre José Acosta, como hoy J. Manzano, hablan además del relato y documentos de un “piloto desconocido”, alojado por Colón en su casa, el cual antes de morir, le había confiado el secreto de su llegada a tierras occidentales a raíz de una tempestad en el atlántico. Los datos literarios provenían de la Biblia y otros libros de cabecera profusamente anotados por su mano (y las de los otros Colones de la familia). Ellos eran la Naturalis Historia de Plinio el Viejo, el gran tratadista romano; los relatos de Il Milione, donde Marco Polo da cuenta de sus andanzas por el Lejano Oriente, cuando los Janes dominaban la China; y las obras a caballo entre la realidad y la fantasía, del cardenal Pierre d'Ailly (Imago Mundi) y de Eneas Sylvius Piccolomini, el futuro Pío II, (Historia Rerum Ubique Gestorum) quienes, a lo bien o mal sabido acerca de extraños países asiáticos y las distancias transmarinas entre Europa y ellos, agregaban la existencia periférica de humanidades y faunas fabulosas. Finalmente su espíritu misional lo autodesigna para llevar de nuevo a Cristo en sus hombros y volcar las riquezas obtenidas en los reinos asiáticos para el equipamiento de un gigantesco ejército cristiano que arrebataría el Santo Sepulcro a los “infieles” musulmanes que ocupaban Jerusalén. Colón busca en las Antillas oro, gemas, perlas y especies. Como no encuentra esas riquezas ni a sus portadores, los reyes y cortesanos de Cathay y Mangi (China), Cipango (Japón), Ciamba (Conchinchina), e India, territorios circundados por Saba, Ofir, Tarsis y el Quersoneso Aureo, supone -todo el viaje es una delirante cadena de suposiciones- que deben hallarse algo más al oeste de esas inoportunas y desconcertantes islas. En verdad, él esperaba descubrir filones gigantescos y no los insignificantes trozos de pectorales, narigueras y pendientes del precioso metal adquiridos de los indígenas mediante el trueque por bonetes colorados, cuentas de vidrio y cascabeles de latón. Colón es un comerciante del Renacimiento y a la vez una esquirla cultural del otoño de la Edad Media. De esta Edad Media recibe el impulso religioso, el fervor catequístico y la investidura feudal que los Reyes Católicos le otorgan a su pedido, sin curar mucho de la seriedad y continuidad de la misma. Dicha investidura, registrada jurídicamente en las Capitulaciones de Santa Fé, certifica, extendiendo a su descendencia los títulos y regalías, su calidad de Almirante, Virrey y Gobernador General de las tierras que descubra, así como el disfrute de la décima parte de las riquezas obtenidas. A Dios rogando y con el mazo dando; al legado medieval se suma el recién amanecido Renacimiento que recoge y multiplica la herencia de los siglos XIII y XIV, donde empolló el huevo crematístico del capitalismo comercial. De aquí proviene, y no debe olvidarse este aspecto, su calidad de mercader, de condottiero marítimo atento a la ganancia usuraria. Por eso mismo ningún sacerdote acompaña la primera expedición a lo desconocido. (…) En sus páginas [del diario de Colón] se da cuenta de la frenética búsqueda del oro emprendida por el Almirante, que va como un alma en pena de isla en isla husmeando el lugar “donde nace”. Colón, sorprendido por una flora inédita y el saludable clima del trópico en transición del otoño al invierno, realiza idílicas descripciones de un mundo aparentemente sin mal, pues aún no se ha topado con los caribes, a quienes solo conoce por las mentas de los taínos, mansos plantadores y pescadores arawacos. En los primeros días aparece ante los europeos una humanidad pobre, mansa, ignorante, servicial, desnuda, casi desarmada, ,cuyos integrantes dan, “como bestias”, todo por nada, conducta que les niega la calidad de “gentes de razón”. Mientras navega tras la quimera del oro, el almirante toma en cuenta, con prolijo cálculo, la capacidad y profundidad de las Bahías, los caracteres de los puertos, la factibilidad de establecer emporios mercantiles. Y ante la serie de fracasos, ya que los metales preciosos, las perlas, las gemas y las especies brillaban por su ausencia, se va definiendo en su mente el designio de convertir a los indios en meras “piezas”, o sea en esclavos, equiparables a los animales. Esto o era una novedad: sin duda ya había traficado con cautivos de origen africano cuando navegaba bajo la bandera de Portugal. El coraje y la bellaquería, la belleza y la utilidad, la inocencia y el pecado, la invocación a lo divino y el ejercicio impío de lo demasiado humano se mezclan en las páginas escritas por el más grande y valeroso navegante de Occidente. Su lectura será de veras aleccionante: nos enseñará los males del etnocentrismo, los errados caminos de la desmesura – la tan temida hybris de los griegos-, las contradicciones entre lo sagrado y lo profano, los comienzos del genocidio y etnocidio de América indígena que inauguran, a partir de la fase antillana, una constante histórica en la conquista y el descubrimiento-cubrimiento del Nuevo Mundo.”
 Textos extraídos de: Daniel Vidart, “Los cuatro viajes de Colón. Diario del primer viaje (I)”, La República, Montevideo, 1992. Extractos del Prólogo.

 Ejercicios para hacer en grupos de 2 o 3 personas.  Es una tarea muy especial, por lo tanto cuenta como escrito.
Se trabajará en clase y luego se entregará en hoja (a mano o impreso, no usar lápiz) con los nombres de los integrantes y el grupo. No se solicita carpeta, entreguen solamente las hojas enganchadas 
Se solicitará el trabajo luego de semana de turismo


    1- Lean atentamente todo el texto y respondan ¿Cuál es el tema del mismo?

2- ¿Qué es un diario de viaje? ¿De qué forma podemos acceder al Diario de viaje de Colón? ¿Qué características tiene ese documento histórico?
3- ¿Quién era el Almirante de la Mar Océana? ¿Qué lo inspiraba a realizar este viaje?
4- Respondan: ¿era sabido que la Tierra era semi esférica? ¿Qué continentes eran conocidos por los europeos? Según los cálculos de la época ¿era sencillo navegar por los océanos? ¿por qué? ¿Alguien había estado en nuestro continente ya?
5- ¿A qué se refiere el autor cuando dice que Colón “vigilaba la veloz marcha de sus tres barquichuelos”? ¿Por qué los llama "barquichuelos"'
6-¿Por qué Vidart plantea que “todo el viaje es una delirante cadena de suposiciones”?
7- ¿Por qué a los europeos (sobre todo a los portugueses y españoles) les parecía tan importante descubrir nuevas rutas de navegación? ¿Cuáles eran los objetivos de estos viajes?
8- ¿A dónde esperaba llegar Colón y a dónde llegó? Busquen un planisferio donde se vean las diferentes rutas oceánicas marcadas por los europeos durante los siglos XV y XVI.
9-Expliquen el siguiente párrafo “En los primeros días aparece ante los europeos una humanidad pobre, mansa, ignorante, servicial, desnuda, casi desarmada, ,cuyos integrantes dan, “como bestias”, todo por nada, conducta que les niega la calidad de “gentes de razón”.” ¿Están de acuerdo con las apreciaciones de los europeos? Fundamenten.
10-Expliquen por qué el autor plantea que los viajes de Colón a América fueron “los comienzos del genocidio y etnocidio de América indígena que inauguran, a partir de la fase antillana, una constante histórica en la conquista y el descubrimiento-cubrimiento del Nuevo Mundo.”

5 comentarios:

  1. Profe no nos aparecen las letras en negrita.
    Dejamos el número 2 sin hacer??

    Sabrina Rodriguez y Mikaela Goio 2º1

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  2. Profe las palabras en negrita no nos aparecen.
    lo entregamos sin el ejercicio 2 ?

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  3. Disculpe profesora, yo no encuentro en el texto las palabras a las que se refiere en el deber

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  4. Profe; no me aparecen las palabras marcadas en "negrita".

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  5. Ya lo hablamos en clase, pero el problema fue que escribí el texto en Open Office y al pasarlo a Blogger desaparecieron las negritas y no me di cuenta. Disculpen, está claro que no cuenta ese ejercicio en la calificación.

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